La reducción de riesgos en el ámbito de los clubs sociales de cannabis (1/2)

En esta ocasión nos adentraremos en la filosofía de reducción de riesgos para entender los pilares sobre los que se fundamenta el programa Rdrcannabis. Aunque la efectividad de este tipo de propuestas de prevención está demostrada, todavía a muchas personas les resulta sorprendente que ante el fenómeno del consumo de sustancias psicoactivas la Administración pública despliegue programas que invitan a las personas consumidoras a diseñarlos y ejecutarlos. Acompañadnos en esta historia sobre de dónde venimos y hacia dónde vamos.

Preguntarse sobre qué es el riesgo en la vida es la puerta de entrada a reflexiones potencialmente muy interesantes y profundas. ¡Calma! El objetivo de este texto no es hacer un tratado de filosofía existencial. Como es evidente, no hay una sola manera de percibir el riesgo, cada persona lo evalúa subjetivamente, es decir, una misma actividad puede ser considerada poco o muy arriesgada según quién se la plantee. También, una misma persona puede juzgar el grado de riesgo de una misma actividad de manera diferente en función del momento de su vida. Hay personas más acostumbradas a experimentar con el riesgo, son las que desde la psicología se denominan “buscadoras de sensaciones”; en el otro extremo, están las personas llenas de temor que viven bloqueadas, en un sufrimiento constante ante actividades cotidianas como coger un avión o subir a un ascensor. De hecho, no hay manera mejor de definir esta incertidumbre existencial que troleando ligeramente la frase escrita  ̶ hacia el 1635 ̶  por el dramaturgo Pedro Calderón de la Barca:

¿Qué es la vida? Un frenesí. ¿Qué es la vida? Una ilusión, una sombra, una ficción; y el bien mayor es pequeño; que toda la vida es riesgo, y los riesgos, riesgos son.

Intentando focalizar el asunto en el ámbito de las drogas: la cuestión de la reducción de riesgos es algo relativamente nuevo si tenemos en cuenta que las sustancias psicoactivas han existido desde los albores de la humanidad. Lo anterior es cierto si nos referimos estrictamente a la primera vez que alguien escribió en un papel “filosofía de reducción de riesgos”. Es decir, desde que han existido drogas, se ha practicado la reducción de riesgos; lo que sucede es que no se le daba ese nombre. Se puede y se ha hecho siempre reducción del riesgo tanto con las drogas legales como con las declaradas ilícitas. De hecho, la otra cara de la moneda de la reducción del riesgo es el aumento del placer, porque no se puede entender la una sin el otro. Y, con relación al placer, encontramos algunos de los mayores tabúes morales de nuestra sociedad. Para salir de este jardín recurriremos al filósofo Aristóteles, que dedicó mucha atención a la cuestión de la virtud, definida como el “término medio” entre dos extremos. Para él, era tan vicioso alguien temeroso como alguien tarambana. Por eso, explicaba que le corresponde a la razón mantener un buen equilibrio vital, ya que la virtud no es cobardía ni temeridad, sino valor. ¿Y, cuál es la conclusión al fin y al cabo? Pues, por ejemplo, que la vida es lo que sucede mientras gestionas riesgos y placeres. Y que si te pasas de frenazo o de miedo, te la acabas perdiendo. Se dice que esta frase es el epitafio de alguien que hizo balconing en Mallorca.

El hecho es que la respuesta institucional moderna al “problema de la droga” se inició hacia los años setenta. En aquel momento, las autoridades consideraban a las personas consumidoras un objeto pasivo y aislado de su contexto social. La idea que inspiraba los programas de prevención del consumo era la abstinencia total. En la década de los ochenta, se forjó lo que se conoce como el binomio drogas-delincuencia, que marcó el imaginario social hasta nuestros días. La irrupción del VIH y la hepatitis en relación con el consumo inyectado de heroína reveló el fracaso de la prevención basada en criterios morales y, en algunos países del norte de Europa, donde prevalecía una mirada más pragmática sobre las políticas públicas, se iniciaron los programas de reducción de daños. Los programas de reducción de daños surgieron no como una alternativa a la prevención, sino como un intento de dar un paso más e incorporar a las redes de atención socio-sanitarias a las personas consumidoras de drogas que no encontraban respuesta (o cabida) en un emergente sistema de atención a los drogodependientes totalmente basado en la abstinencia.

La reducción de daños buscaba priorizar el objetivo de disminuir los efectos negativos del uso de las drogas antes que evitar su consumo. Algunos ejemplos de estos programas fueron la dispensación de material higiénico para el consumo inyectado, el acceso a metadona, las salas de consumo asistido de drogas, etc.

En la década de los noventa, disminuyó la alarma social relacionada con consumo del decenio anterior a la vez que se popularizaban las drogas de síntesis, como la MDMA, y aumentaba el consumo de alcohol y cannabis en espacios de ocio. Fueron los años del surgimiento de la cultura del baile impulsada, entre otros, por los ritmos bajos y repetitivos. También se empezó a extender una mirada normalizadora sobre los consumos, que se distanciaba del discurso alarmista de tiempos pasados y abría la puerta a la reducción de riesgos (RdR).

El libro que mejor ha capturado qué es la RdR en nuestro contexto fue publicado en el año 2013, y lleva por título: De riesgos y placeres. Manual para entender las drogas (Martínez D. P, & Pallarés J.). Se trata de una obra colectiva realizada por treinta y seis profesionales con mucha experiencia en investigación e intervención. Estas miradas se forjaron en algunos de los proyectos fundacionales de la reducción de riesgos, como Grup Igia, Energy Control, Ailaket, Edpac, Spora, Arsu Festa, ICEERS, FAC, etc.

Tal y como se explica en el libro, los puntos de partida de la RdR, desde sus inicios, han sido:

  1. Reconocer los efectos positivos y negativos del fenómeno de las drogas
  2. Trabajar sobre lo que tenemos (diferentes tipologías de consumo) y no sobre lo que deberíamos tener (abstinencia total)
  3. Tomar en consideración que hay un consumo de drogas no problemático y que la gran mayoría de las personas consumidoras se preocupan por su salud
  4. Constatar que la ignorancia es un riesgo; por lo tanto, mejor educar que castigar o mostrar actitudes paternalistas si lo que se quiere es llegar al público consumidor

Es a partir de estas cuatro coordenadas alrededor de las que se articula el proyecto RdRcannabis, dirigido a clubs sociales de cannabis. Y lo hace siguiendo la Estrategia Nacional de Prevención: consumo de drogas y problemas asociados (Gencat, 2008), donde se recoge que es un objetivo general “reconocer y difundir las actuaciones de RdR como estrategia basada en la evidencia de efectividad y necesaria y prioritaria con la población consumidora” (pág. 333).

El hecho de que a finales de los ochenta la Administración pública se alejara de los programas de prevención basados en la abstinencia permitió visibilizar que el principal motivo por el que las personas consumen drogas es para desinhibirse, divertirse y por placer. Constatar que quien consume busca en primer lugar los efectos positivos del consumo desacreditó en gran parte los programas preventivos basados únicamente en el miedo y los mensajes catastrofistas. Por eso, se incorporó a las personas que consumen drogas (“los iguales”) al diseño y ejecución de los programas de reducción de riesgos y daños. De repente, la conversación se multiplicó y variables como la dosis, la potencia/toxicidad, la frecuencia, la dificultad en el acceso, la preparación del consumo (higiénico o no), la vía de administración, el poli-consumo, los cuidados posteriores, el estado físico y psíquico y el contexto de consumo emergieron como variables de la ecuación que modifican el nivel de riesgo cuando se busca placer.

Si abrimos la carpeta del cannabis para buscar qué dice sobre prevención y reducción de riesgos la principal autoridad en la materia, el Observatorio Europeo de las Drogas (European Monitoring Centre for Drugs and Drug Addiction) encontramos que se asocian problemáticas de salud físicas y mentales, así como sociales y económicas. Además, según los estudios, es más probable que estos problemas se desarrollen si el uso del cannabis empieza a una edad joven y se convierte en un uso regular y a largo plazo. Por lo tanto, los objetivos principales de las respuestas sanitarias y sociales que abordan el consumo y los problemas asociados deberían incluir:

  • prevenir el uso, o retrasar el inicio, desde la adolescencia hasta la juventud adulta;
  • prevenir la escalada del consumo de cannabis del uso ocasional a habitual;
  • reducir los modos de uso más nocivos;
  • ofrecer intervenciones, incluido el tratamiento, a las personas para quienes el consumo de cannabis se ha vuelto problemático;
  • reducir la probabilidad de que las personas conduzcan después de consumir cannabis o de participar en otras actividades en que la intoxicación por cannabis puede aumentar el riesgo de accidentes.

Es interesante contrastar estos objetivos a contraluz del modelo del club social de cannabis (CSC), dado que automáticamente se revela que los CSC, al ser espacios privilegiados de contacto con las personas consumidoras, atesoran el potencial de incidir en la mayoría de los postulados del Observatorio Europeo. Así, una tarea que las instituciones dedicadas a la prevención tienen grandes dificultades para ejecutar es que el riesgo legal del consumo hace que las personas consumidoras se aíslen, se escondan o desconfíen de la información si esta llega por canales sin credibilidad.

De todo el mundo es sabido que la misión de los CSC no es hacer prevención universal en las escuelas con el fin de retrasar la edad de inicio del consumo de cannabis, ni tampoco trabajar con los adolescentes ya iniciados. Por ley, los CSC van dirigidos a mayores de 18 años e, incluso, muchos no aceptan a menores de 21 como método de autorregulación. Ahora bien, no hay otros recursos en toda la sociedad que puedan hacer una detección del consumo problemático o una derivación de los casos pertinentes a intervenciones de tratamiento especializadas como los CSC. Y, por supuesto, los CSC son el lugar idóneo para ofrecer propuestas de reducción de daños y riesgos. Empezando por los daños asociados a la combustión, especialmente si se utiliza junto con tabaco.

El programa RdRcannabis se erige en este marco. Es una iniciativa surgida del impulso de las personas que trabajan o colaboran en CSC de Cataluña y que, gracias al apoyo del Departamento de Salud, está ofreciendo materiales y recursos educativos hechos a medida de las demandas del público diana y formación a formadores (trabajadores/as y representantes de CSC). Rdrcannabis quiere aprender de las diferentes realidades que coexisten dentro del ecosistema de los CSC, y os invita a construir esta red hecha a medida a partir de las características del modelo de CSC.

¡Estáis todas invitadas!

2022-07-01T08:10:04+00:00

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