Los canabinoides sintéticos son un conjunto de sustancias químicas que imitan los efectos del THC. En los últimos cincuenta años se han desarrollado centenares de estos compuestos, todos ellos con una estructura molecular parecida. El proceso de fabricación y preparación de estas sustancias es clandestino, a pesar de que es habitual que se vendan como “drogas legales”. Actualmente, no existe un método para determinar con precisión la concentración de cada lote porque no existen estándares de control de calidad, lo que conlleva que los riesgos asociados al consumo puedan ser elevados. Los medios de comunicación han abordado este fenómeno a través del sensacionalismo y la alarma, añadiendo confusión a un terreno que ya de por sí es incierto y cambiante.
Los canabinoides son un tipo de sustancias químicas con una estructura molecular o con unos efectos similares a los de los compuestos químicos que se encuentran de forma natural en la planta del cánabis. Las personas y la mayoría de los animales (los insectos no) contamos con receptores canabinoides por todo el cuerpo; de hecho, estos receptores endógenos recibieron su nombre más tarde que los mismos canabinoides de las plantas pues, el llamado sistema endocanabinoide se empezó a descubrir en la década de 1980, y el THC y CBD habían sido extraídos de la planta del cánabis cuarenta años antes, a comienzos de 1940. El primer científico que logró una síntesis de laboratorio del THC y el CBD fue el archiconocido Raphael Mechoulam, profesor de química medicinal de la Universidad Hebrea de Jerusalén (Israel), en 1965. A día de hoy sabemos que el sistema endocanabinoide de nuestro organismo regula funciones tan importantes como la memoria, el apetito, el sueño, la temperatura corporal, etc.
Así pues, en contraposición a los canabinoides que genera la planta del cánabis de forma natural, existen los canabinoides sintéticos que son resultado de un proceso de síntesis realizado en un laboratorio. Estos compuestos son funcionalmente similares o imitan los efectos del Δ9-tetrahidrocanabinol (THC), que es la sustancia responsable de los efectos psicoactivos del cánabis.
A lo largo de los últimos cincuenta años se han descubierto centenares de canabinoides sintéticos. En sus inicios, estos descubrimientos se desarrollaron en el marco de estudios para investigar cómo los canabinoides afectan al cuerpo y observar si podrían funcionar como medicamentos para tratar una serie de enfermedades y sus síntomas, tales como enfermedades neurodegenerativas, la drogadicción, los trastornos por dolor y el cáncer. Durante los últimos veinte años, empresas químicas con sede en Asia han propiciado la aparición de multitud de nuevos canabinoides sintéticos, y se han distribuido mediante las redes de la clandestinidad, sin pasar ningún tipo de control de calidad o investigación sobre sus efectos en la salud de las personas. La causa de la rápida sucesión en la oferta de estos nuevos compuestos es la prohibición de sus antecesores. A medida que se fiscalizan, la elasticidad del mercado declarado ilícito responde con máxima rapidez.
Si bien es cierto que desde mediados de la década del año 2000 se empezaron a escuchar noticias sobre “mezclas de hierbas para fumar” vendidas como “drogas legales” (legal highs) que podrían producir “efectos parecidos al cánabis”, no fue hasta 2008 que investigadores alemanes y austríacos detectaron por primera vez el canabinoide sintético JWH-018 en un producto vendido bajo la marca Spice. A partir de entonces, se popularizaron en el mercado informal con la etiqueta de “inciensos” o “ambientadores” y con multitud de nombres algunos de los más populares: Spice Diamond, Gold, Bombay Blue, K2, Yucatan Fire, Kronic, Black Mamba, Clockwork Orange, Exodus Damnation, Annihilation, etc. Las denominaciones técnicas de los alcaloides son del tipo: CP-47, NM2201, 5F-AB-PINACA, 4-CN-CUMYL-BUTINACA, MMB-CHMICA, JWH-018, JWH-250, JWH-200, HU-2010, CP-55, AM-694.
En el momento en que estas sustancias en polvo llegan a Europa, los minoristas elaboran un preparado consistente en pulverizar los canabinoides sintéticos sobre productos a base de plantas para que posteriormente puedan fumarse. Las plantas más usadas para el preparado son: damiana, melisa, menta y tomillo. Esta presentación conlleva algunos riesgos de forma intrínseca para la persona consumidora pues, por la pulverización, se producen concentraciones más elevadas en unas zonas que en otras de una misma mezcla. La forma de presentación (marca comercial, aspecto o color del polvo) no es indicativa de la composición química del producto. El material que se encuentra dentro de una misma mezcla puede incluso tener diferentes canabinoides, con distintos niveles de potencia, lo que podría provocar que las personas consuman involuntariamente niveles muy elevados de varias sustancias químicas desconocidas. Es más, ante el reciente boom del CBD y su difusión en su fórmula a base de plantas se han dado casos de cogollos de cáñamo rociados con canabinoides sintéticos que han podido engañar a quienes den por sentado que los canabinoides sintéticos siempre tienen la misma apariencia.
Toda esta confusión dificulta enormemente informar con exactitud acerca de los efectos y los riesgos de los distintos productos que existen en el mercado informal. Se trata de sustancias diferentes con un abanico de efectos muy amplio y en constante evolución. Debido a la elevada potencia de algunos canabinoides sintéticos, la cantidad de polvo necesaria para cada mezcla puede ser del orden de unas pocas decenas de miligramos.
Los efectos deseados de los canabinoides sintéticos son parecidos a los del cánabis (actúan sobre los receptores CB1 del sistema endocanabinoide): relajación, risa, somnolencia, aumento de la creatividad, reducción de las náuseas y el dolor y más disfrute de la música y el arte. Por supuesto, estos efectos dependen de la dosis, el estado de la persona que lo consume y el contexto donde se produce la ingestión. Un factor que dispara los riesgos es la ignorancia o la compulsión. Siempre es recomendable empezar por una dosis baja y esperar a los efectos dentro de un tiempo razonable antes de un nuevo consumo.
Los efectos no deseados son mucho más amplios, por ejemplo, pánico, paranoia, nerviosismo, disminución de la capacidad de concentración, confusión, vómitos, agitación, arritmias cardíacas, dolor torácico, daño miocárdico, ataques epilépticos, síntomas psicóticos, desmayo, insuficiencia renal aguda y coma. En casos extremos, se han descrito muertes asociadas a su consumo. Al menos 52 muertes entre 2016 y 2018, según Naciones Unidas. Consumir habitualmente cánabis no protege frente a estos efectos secundarios. En la actualidad, existe consenso científico en el hecho de que los canabinoides sintéticos son mucho más tóxicos y generan más daño que el cánabis orgánico habitual.
Si en tu entorno se consumen canabinoides sintéticos, es importante que tengas en cuenta lo siguiente:
- Investigar la dosis y los efectos cuidadosamente. Si es posible analizarlos (por ejemplo, por medio del servicio de análisis de Energy Control) antes de consumir.
- Consumir en un ambiente seguro, en compañía de personas de confianza que puedan ayudar si se necesita.
- El “colocón” puede provocar mareos y malestar estomacal.
- Hay que tener mucho cuidado al mezclar con otros estimulantes, pues se está forzando al cuerpo a realizar un trabajo extra como respuesta.
- El “colocón” puede ser bastante intenso. Es importante tener unas horas por delante para que haya tiempo para descansar después del consumo. La mayoría de las personas recomienda esperar semanas o meses entre consumiciones para dar tiempo a que el cuerpo se adapte a la experiencia.
- Cada vez que se consume, el “colocón” puede ser muy diferente. Si no sienta bien, es importante mantener la calma. ¡Los efectos van desaparecer!
Hay que evitar el consumo en los siguientes casos: embarazo, lactancia, conducción de vehículos o manejo de maquinaria peligrosa, problemas cardiovasculares, de hígado o de riñón, diabetes, trastornos psicológicos o si se está pasando por una mala racha. Por supuesto, se desaconseja mezclar el consumo de canabinoides sintéticos con cualquier otra sustancia, como alcohol o cualquier estimulante pues no se han investigado sus interacciones y pueden disparar los riesgos asociados.
Dada la falta de evidencia científica, el potencial adictivo de los canabinoides sintéticos no es concluyente. En la literatura especializada sí que se pueden encontrar multitud de informes de casos sobre su uso compulsivo. Algunos pacientes han informado sobre la gravedad de su síndrome de abstinencia como una de las principales razones por las que continúan consumiendo canabinoides sintéticos.
El Plan nacional sobre drogas, en el contexto del Estado español, empezó a preguntar por el consumo de Spice (junto a otras “drogas emergentes”) en sus encuestas (ESTUDES) a partir de 2010. En aquel año, entre la población de 14 a 18 años la prevalencia apuntaba a que el 1,1% había consumido alguna vez en la vida y el 0,8%, en el último año. Ocho años después, en la encuesta de 2018, la prevalencia de consumo había disminuido ligeramente; 0,8% había consumido alguna vez en la vida y 0,5%, en el último año. Las diferencias de consumo entre sexos son apreciables, la ratio es próxima a dos chicos por cada chica. Tres de cada cuatro estudiantes perciben que el consumo de Spice puede conllevar bastantes o muchos problemas. Estos datos están muy lejos del consumo de marihuana o de hachís que en 2018 era del 33% entre los que lo habían probado una vez en la vida y del 27% entre los que lo habían consumido a lo largo del último año.
En el caso de la población de 15 a 64 años, cuyos datos recoge la encuesta EDADES 2019-2020, observamos que un 0,6% lo había consumido alguna vez en la vida, siendo la franja de 25 a 35 años los que más frecuentemente lo habían consumido, con un 1,2% (1,8% hombres y 0,5% mujeres). Si contraponemos estos datos con los del consumo de marihuana o de hachís entre ese grupo poblacional, vemos que están muy alejados, pues un 37,5% dice haberlo consumido una vez en la vida y un 10,5%, a lo largo del último año.
La prevalencia de consumo de nuevas sustancias psicoactivas (conocidas como NPS, del inglés, new psychoactive substances) en general y de Spice en particular no alcanzan en España cifras tan elevadas como las que se han registrado en otros países de la Unión Europea, Australia o Estados Unidos.
Como se ha expuesto, estamos ante un fenómeno en constante evolución y que cuenta con muy poca investigación científica fiable que nos permita ser precisos. Ante ello es recomendable actuar con mucha prudencia y no tomar como referencia los efectos del cánabis a base de plantas o del hachís, cuyos perfiles de seguridad son mayores y están mucho más estudiados.
Comenta