Es probable que parte de la controversia sobre esta cuestión se origine a partir de una confusión terminológica. Así pues, primero que todo, hay que definir qué se entiende exactamente por “sobredosis”. Si se entiende que significa un conjunto de consecuencias adversas agudas en la salud a causa de tomar demasiado cannabis, pues sí que ocurre y, de hecho, la mayoría de las personas consumidoras la han experimentado alguna vez a lo largo de su trayectoria. Si se entiende una sobredosis como un episodio que puede acabar con el resultado de muerte por intoxicación, pues no, no es este el caso.
Con respecto al cannabis, esto último no es posible simplemente porque la dosis fatal de THC es más elevada que la que una persona puede consumir siendo realistas. Quizás quien habla de sobredosis de cannabis lo hace porque quiere añadir cierto fatalismo al consumo de cannabis, pero lo que sí es cierto es que en el ámbito de las personas que consumen cannabis los términos para referirse a una intoxicación son otros, como por ejemplo, una “pálida”, un “chungo” o “la blanca”. En el ámbito hospitalario, se habla de una intoxicación por cannabis, pero más coloquialmente también se puede denominar un empacho o una indigestión por consumo excesivo de cannabis.
En 2019, en Cataluña, un total de 761 personas fueron al hospital por culpa de una intoxicación por cannabis, es decir, un 4% del total de las urgencias hospitalarias atendidas en las que el diagnóstico principal estaba relacionado con las drogas. También en 2019, la principal fuente de intoxicación que conllevó el paso por el hospital, con un 42,8% de los ingresos, fue el alcohol, con más de 8.000 personas.
Si se piensa en las situaciones más repetidas donde se dan empachos de cannabis, las más clásicas son dos. En primer lugar, jóvenes fumando a la salida del instituto. En segundo lugar, una fiesta o celebración donde aparece un delicioso space cake o pastel casero cocinado con cannabis —entre otros ingredientes.
Las personas que no están acostumbradas a los efectos del cannabis, es decir, las que no presentan tolerancia a sus efectos, son las que tienen más posibilidades de sufrir una sobredosis de cannabis, la conocida como “la pálida”. Si, además, la vía por la que se consume el cannabis es la ingestión oral y se olvida la prudencia y/o no se ha retenido la información sobre la dosis (cuánto y qué tipo de cannabis hay en el pastel), aumentan las posibilidades de acabar teniendo síntomas y necesitar ayuda médica.
Los síntomas más clásicos que se pueden dar en esta indeseable situación son: capacidad de desplazamiento deteriorada, náuseas, vómitos, confusión, paranoia, ansiedad, ataque de pánico, mareos, delirio, alucinaciones, incremento de la frecuencia cardíaca o de la presión arterial, entre otros. Incluso puede haber un desmayo. Dado el caso de que el desmayo se alargue más de cinco minutos, es necesario buscar ayuda médica profesional.
Es recomendable tener en cuenta toda una serie de factores para evitar o reducir la posibilidad de sufrir un empacho por cannabis. También, es fundamental conocer la concentración de tetrahidrocannabinol, THC, del producto antes de dosificarlo. Cuanta más concentración de THC en el producto, menos tolerancia a sus efectos por parte de la persona y aumento de la posibilidad de sobredosificación. Se habla de tolerancia a las drogas cuando la reacción de una persona a una droga disminuye a medida que sigue utilizándola. La tolerancia varía dependiendo del individuo, es decir, que no existe la misma reacción a una sustancia en dos personas que la toman. Si alguien está habituado a consumir cannabis, su tolerancia a concentraciones altas de THC es muy superior a la de una persona que realice un consumo esporádico.
Además, hay que tener una mínima información sobre los tiempos de absorción de la sustancia en función de la vía de consumo. No es lo mismo fumar, vapear, aspirar concentrados (“dabbear”) o ingerir la sustancia. La vía inhalada conlleva unos efectos inmediatos, pero la digestiva es mucho más lenta, ya que los principios activos del cannabis primero tienen que ser absorbidos por el estómago, posteriormente pasan por el hígado y, finalmente, llegan al cerebro. Este ciclo puede tardar entre 60 y 90 minutos en función de si se ha comido mucho o poco, la constitución y metabolismo de la persona o de otras variables. El efecto se puede prolongar hasta 6 o 8 horas, aunque existen casos extremos en que se ha alargado hasta 12- 24 horas. Por otro lado, hay que remarcar que, una vez inhalado, retener el humo o vapor en los pulmones no conlleva más absorción de THC, ya que el THC se absorbe tan pronto como entra en ellos, a través de los alveolos pulmonares.
Es importante que en el momento del consumo no se tenga el estómago vacío o se hayan tomado otras drogas, sobre todo las que tienen un efecto depresor del sistema nervioso, como el alcohol. Todos estos elementos entran en juego en la ecuación del empacho por cannabis. En caso de lipotimia o síncope, es importante no dar nada para comer ni para beber a la persona afectada hasta que no se haya recuperado completamente.
Por descontado, si esta situación la vive una persona del propio entorno, hay que hacerle un buen acompañamiento con el fin de aliviar su sufrimiento. En caso de que la persona pierda el conocimiento, es importante que esté en la posición de seguridad a fin de que pueda respirar correctamente.
Si se centra la atención en los productos para consumir oralmente que contienen cannabis, popularizados bajo el nombre de comestibles de cannabis o edibles, se recomienda que se empiece con una dosificación de entre 5 y 10 mg de THC y esperar entre 60 y 90 minutos antes de repetir. Hay que recordar que se habla de miligramos de THC en unos comestibles, que no deben confundirse con el peso de los comestibles en sí, que puede variar mucho en función de la presentación: caramelo, galleta, brownie, etc.
Sobre la posibilidad de ingerir determinados productos con el fin de contrarrestar una “pálida”, se ha escrito mucho, pero se sabe muy poco objetivamente hablando. Un estudio de 2013 demostró que el cannabidiol, CBD, cuando es consumido al mismo tiempo que el THC, ayuda a disminuir los efectos adversos de ansiedad y paranoia. Pero no queda claro si tiene los mismos efectos en caso de ser administrado después del THC. Eso sí, tomar algún aceite de CBD o una variedad alta en CBD previamente a la ingestión de THC puede ser un remedio eficaz para un colocón no deseado. En todo caso, sí que existe una cuestión importante que debe tenerse en cuenta cuando se está cuidando a alguien que está sufriendo una sobredosis de cannabis: ¡en ningún caso se tiene que dar zumo de mango! Los mangos contienen una sustancia química denominada mirceno y los terpenos que se encuentran en su interior tienen la capacidad de potenciar y prolongar los efectos del THC.
En 2017 en una publicación de la DEA (Drug Enforcement Administration) se afirmaba que “No se ha registrado ningún muerto por sobredosis de marihuana”. Pero sí que teóricamente podría darse y, de hecho, ello se ha estudiado. Existe una unidad de medida conocida como dosis letal (DL) que se aplica a cualquier sustancia que las personas puedan consumir y que se calcula con relación al peso corporal. Esta medida es una indicación de la letalidad de una determinada sustancia. Por ejemplo, en el caso del azúcar la DL media es de 30g/kg y para la sal de mesa, 12g/kg. Esto significa que una dosis letal de azúcar para una persona de 80 kg es de 2,4 kg, y para la sal es casi de 1 kg. La heroína, por otra parte, tiene una DL media (DL50) de 50 mg/kg por inhalación, pero tan solo de 0,02g/kg si se toma por vía intravenosa.
En este punto, viene al caso la famosa frase que popularizó hace casi quinientos años el médico y alquimista suizo Paracelso, y que se considera el principio básico de la toxicología: “Todas las cosas son veneno y nada es sin veneno; solo la dosis hace que una cosa no sea un veneno”. De hecho, es más probable que se recuerde su principio resumido que dice: “La dosis hace el veneno”. ¿Son necesarios más ejemplos? La DL50 del agua son unos 6 litros; con respecto al café, unos 175 expresos, y de alcohol de unos 40 grados, unos 13 chupitos.
Para el cannabis, la cantidad necesaria para una dosis letal es descomunal. El autor David Schmader explica a su libro Weed, The User’s Guide, A 21st Century Handbook for Enjoying Marijuana (2017) que una persona de unos 75 kg tendría que consumir 750 kilos de cannabis en 15 minutos para sufrir una sobredosis que fuera letal. La mayoría de las variedades de cannabis contienen en torno a un 15-20% de THC, es decir, 1 g de cannabis contiene como máximo 200 mg de THC. Es prácticamente imposible consumir un volumen tan grande de THC por inhalación. Ciertamente que se puede ingerir más THC a través de los comestibles deglutidos, pero hay que tener en cuenta que, según las estimaciones más conservadoras, un hombre adulto debería consumir 50 gramos de THC puro para tener un 50% de probabilidades de morir. Incluso, si una persona ingiriera los comestibles de cannabis más potentes o concentrados, es más probable que muriera antes por el consumo excesivo de azúcar y sal que por una sobredosis de THC. Lo cierto es que alguien con gran alteración podría pensar en inyectarse una cantidad letal de THC de origen farmacéutico, pero es un escenario más bien remoto.
Cuando alguien experimenta una sobredosis o empacho por un consumo excesivo de cannabis, la situación puede resultar física y emocionalmente muy incómoda. El tratamiento para el consumo excesivo de marihuana es simplemente esperar hasta que se reduzcan los efectos, y ello puede ser cuestión de horas. Un aspecto que realmente puede marcar la diferencia es la compañía y el entorno donde la persona intoxicada viva la experiencia. En este sentido, hay que acercarse a un espacio tranquilo y seguro, desabrocharse el cinturón o elementos de vestir que produzcan presión o sean incómodos, intentar respirar con calma, relajarse, estar en compañía de una persona de confianza y quizás darse la mano para mantener la conexión. También, en algunos casos, puede ir bien beber un poco de agua para mantener la hidratación y comer algo, con el fin de aumentar los niveles de azúcar en sangre.
Hasta ahora no se ha hablado de otro tipo de reacciones adversas agudas, como las que pueden sucederles a personas jóvenes con alguna enfermedad preexistente que se desencadena a partir de consumir cannabis. Se trata de casos que son poco frecuentes o que no son reacciones típicas al consumo de cannabis. Esto pasa cuando personas con una predisposición experimentan un episodio psicótico agudo después del consumo de cannabis. O en el caso de personas con problemas cardiovasculares, que podrían llegar a sufrir un infarto de miocardio. Tampoco se ha hablado de las sobredosis relacionadas con el consumo de cannabinoides sintéticos, que sí que han causado decesos. Se abordará este tema en otros textos de esta web.
Así pues, ya lo sabéis: para evitar todos los riesgos, es mejor no consumir nada. Para reducir los riesgos, hay que informarse sobre lo que se está consumiendo y hacerlo de forma moderada y en un entorno seguro. En primer lugar, es prudente empezar con una pequeña cantidad y esperar, como mínimo, quince minutos, si es por la vía de inhalación, o dos horas, si es por la vía oral. Comprobad cómo os movéis antes de plantearos consumir más. Y, en caso de haberos sobrepasado, tomad nota de lo que habéis consumido, cómo y cuándo. Así, la próxima vez, podréis practicar la moderación.
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