El cannabidiol (CBD) fue descubierto veinticinco años antes que el tetrahidrocannabinol (THC), identificado en 1964. Aunque fue el Doctor Mechoulam quien acabó de caracterizar el CBD a la perfección en 1963, partiendo de hachís libanés. Últimamente, hemos escuchado testigos que afirman haber reducido o, incluso, abandonado el consumo de tabaco a partir del consumo de productos con CBD. En esta entrada abordaremos diferentes aspectos de este fenómeno que solo acaba de empezar a desplegarse.
Es un hecho que el CBD hace tiempo que se ha popularizado tanto en los dispensarios de los clubs sociales de cannabis (CSC) como en las tiendas a pie de calle que lo venden por toda Europa, pero todavía nos chocamos con lagunas de conocimiento importantes. De nuevo, se repite el caso del THC, donde la normalización social ha precedido (en este caso, varios milenios) al surgimiento del conocimiento científico sobre las propiedades y efectos del cannabinoide. Por ejemplo, todavía existe confusión sobre si el CBD es psicoactivo o no. Sí que lo es. Expliquémoslo.
Algo psicoactivo es aquello que actúa sobre el cerebro y que comporta que se experimenten efectos psicológicos. Cuando el CBD activa los mecanismos cerebrales se experimentan efectos ansiolíticos, anticonvulsivos y antiinflamatorios. Quizás ha oído decir que el CBD es psicoactivo, pero no psicotrópico como el THC. En parte, esta frase afirma la diferencia entre CBD y THC, sin embargo, el problema es que “psicotrópico” es un concepto poco científico que proviene del ámbito jurídico y que a menudo se confunde con algo tóxico o que hace daño a la salud y, por lo tanto, se tiene que perseguir. Es el argumento que subyace al test de drogas en el ámbito de la conducción de vehículos.
Como nuestra apreciada audiencia ya conoce, el sistema endocannabinoide que todos los animales (menos los insectos) poseemos tiene la función de mantener la homeostasis en todo el cuerpo. Estamos hablando del control de las funciones corporales esenciales, como los ciclos de sueño, la respuesta al estrés, la presión arterial, la temperatura corporal, el estado de ánimo, la memoria, la percepción del dolor y más. Cuando alguien ingiere CBD reduce la disfunción de los procesos referidos anteriormente.
Es interesante saber que, en parte, el éxito del CBD tiene que ver con su baja toxicidad y alta tolerabilidad, es decir, que sus efectos adversos -cuando aparecen- son poco graves. Además, el CBD no genera dependencia, adicción ni tolerancia, por lo tanto, no se precisará aumentar la dosis. Las dos anteriores frases se tienen que poner en contexto, dado que si el CBD en lugar de consumirse en gotas se consumiera en cogollos y con tabaco, sí que viene acompañado de los efectos secundarios inherentes a las vías de consumo. Por cierto, cuando el CBD se consume vaporizado o en combustión, su efecto se alarga unas dos horas.
En el caso de fumar cogollos de CBD en lugar de cigarrillos de tabaco, la persona mantiene su hábito de inhalar humo, pero sin el componente físicamente adictivo de la nicotina. Por supuesto, la combustión de la materia orgánica con CBD todavía aporta alquitrán y otras sustancias nocivas al sistema respiratorio, pero es una ventana de oportunidad para reducir el consumo de nicotina y después quizás pasar gradualmente a vaporizar CBD, sea como cogollos o en forma de líquido para la vaporización.
Se han hecho unos pocos estudios para evaluar el potencial del CBD en relación con el consumo de tabaco.
En el 2018 se estudió si 800 miligramos de CBD podían disminuir la dependencia (mono) del tabaco. Entre treinta fumadores, la mitad del grupo tomó CBD y la otra un placebo, a continuación, les mostraron fotografías que les incitaran al consumo de tabaco (cervezas, fiestas, otros fumadores) y se analizó la frecuencia cardíaca, el mono, la presión arterial y los síntomas de abstinencia. Los autores concluyeron que una sola dosis de 800 mg de CBD podría ayudar a reducir el mal rollo que les generaban a los fumadores las imágenes asociadas a fumar.
Una investigación publicada en el 2013 intentaba explorar el rol del sistema endocannabinoide en la adicción a la nicotina. Un total de 24 personas fumadoras recibieron un vaporizador, la mitad con CBD y la otra con un placebo. Se pidió a los participantes que utilizaran los inhaladores cada vez que sintieran la necesidad de fumar. Al cabo de una semana, el grupo que consumía CBD mostró una reducción del 40% en el consumo de cigarrillos, mientras que el grupo placebo no informó de ninguna diferencia significativa en el número de cigarrillos fumados.
Está claro que todavía falta mucha investigación con el fin de poder hablar con propiedad del potencial del CBD con relación a la adicción a la nicotina y al hábito tabáquico. Lo que la evidencia de la calle nos muestra es que los efectos ansiolíticos del CBD equilibran algunos de los síntomas físicos y psicológicos asociados a la abstinencia de la nicotina y al hábito tabáquico, como el mono, dolor de cabeza, insomnio, frecuencia cardíaca más lenta, irritabilidad o frustración, dificultad para concentrarse y ansiedad, aumento del estrés y cambios de humor, etc. Seguiremos investigando.
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